Siempre con lo puesto
Siempre con lo puesto
¿Recordáis?
“… del derecho y del revés, uno solo es lo que es, y anda siempre con lo puesto”, el gran Serrat, una vez más, dando en el clavo, donde duele y obliga a crecer, en esas verdades que nos ocultamos que, por mucho que ignoremos, están ahí, tarde o temprano afloran y nos ponen frente a aquello que deliberadamente hemos ocultado.
Con la sostenibilidad y el cambio climático pasa mucho esto y en territorios como Linkedin es muy evidente. Estamos en una red profesional donde se da toda la gama de comportamientos que pueden aparecer en una oficina clásica y que la gran mayoría de nosotros, que hemos crecido laboralmente en ellos, reconocemos al instante, pero con estos temas rozamos la bipolaridad de una forma escandalosa. Aplaudimos y destacamos conductas y estrategias que son más de lo mismo, pero de buen rollo, con su lavadito verde, su dosis de sostenibilidad y estrategia eco, que a la larga no consiguen nada pero en su lanzamiento se hacen a bombo y platillo aún a sabiendas que se conseguirá más bien poco.
Nos enzarzamos en debates inanes que caminan en círculos (nunca mejor dicho) que a la larga no conducen a ningún lado efectivo y transformador. Yo no lo veo.
La sostenibilidad ahora es otra buena excusa para hacer caja y, por ello, se justifican acciones que están en las antípodas del camino hacia una sociedad y una empresa buena para el planeta, incluso dentro de sectores que se etiquetan a sí mismos como ecologistas y trabajadores del bien común. Asistimos al modo: Déjame montarme el tinglao sostenible a mi manera que parezca que hago algo cuando solo estoy moviendo la bolita de cubilete en cubilete y perpetuando las mismas fórmulas que han dado resultado económico desde que la. Thatcher y Reagan liberaron los mercados. Que sean otros los que experimenten nuevos modelos económicos. Que sean otros los que den el primer paso en poner en riesgo su cuenta de resultados.
Pero las cifras y la empírica son tozudas y año tras año nos devuelven una realidad que demuestra que no avanzamos nada en la lucha contra el cambio climático y, en el caso de la industria textil, no solo no avanzamos a mejor, como se preveía hace apenas cinco años, sino que involucionamos y vamos a peor. Digan lo que digan los grandes del sector y sus estupendas medidas de transformación que no producen ningún efecto y, sobre todo, no afectan a su cuenta de resultados. A estas alturas esperábamos estar en un momento más luminoso.
No aburriré con datos, pero son escandalosamente preocupantes. No lo digo yo, lo dice la IA: La producción anual de ropa ha aumentado de manera significativa; se estima que se producen alrededor de 150 billones de prendas al año, frente a los 80 mil millones de 2022, representando un incremento sustancial en la última década y media. Este crecimiento es impulsado por la compra online y un menor tiempo de vida de las prendas, lo que ha incrementado exponencialmente el consumo y la generación de residuos textiles.
Hace poco, los adalides de la sostenibilidad vieron como la exigencia legislativa europea se ponía seria y paralizaron este avance, se lo cargaron sin miramientos. Pura lógica, estas leyes que promueven un cambio en el sector textil tal y como están formuladas, si entran en vigor, todas las grandes compañías sin excepción se quedan fuera de la ley. Una verdad que no queremos ver.
La sostenibilidad, despojada de todo el magreo verde (greenwashing para que nos entendamos) al que ha sido sometida, es exigente y dura. Construir una sociedad sostenible supone renunciar a un modelo económico que nos ha conducido al momento en el que nos encontramos, tan preocupante.
¿Saben esto las grandes compañías del sector?
Si, lo saben. Ya Naomi Klein lo investigó en su libro Esto lo cambia todo y demostraba que claro que lo saben y deliberadamente lo ignoran y transforman los datos a su antojo, sembrando confusión y desinformación.
¿Cómo sería todo si en vez de haber impulsado un modelo de industria textil externalizado, altamente demandante social y medioambientalmente, se hubiera optado por un modelo de producción textil local con pequeños núcleos de producción en distintas áreas conectados en red que abastecieran la demanda cercana y respetará los ciclos naturales en una agricultura regenerativa? ¿Os imagináis?
El hecho es que ahora estamos muy lejos de esto y las soluciones “sostenibles” que se plantean desde el establishment se agarran con fuerza a su trozo de pastel, lo que obliga a seguir explotando intensivamente nuestros recursos. La moda es la hija favorita del capital, genera unos beneficios astronómicos para las pocas familias que controlan el sector y que impiden que esto se frene y, ni las empresas están haciendo nada por afrontarlo, ni la administración pública se atreve a poner en jaque al sector amedrentada por el poder financiero. El cuento de siempre, atados de pies y manos para mover el tablero y que el tiempo juegue a nuestro favor, no en contra.
La sostenibilidad pide parar, pide dejar de vomitar ropa al planeta que no sabemos luego gestionar y que está ahogando al planeta, contaminándolo y esclavizándolo (de muchas maneras) Y lo curioso es que esto lo sabemos, pero no se pone remedio y las soluciones existen, están ahí y no se ponen en marcha, no como serían efectivas. Se amaga, se realizan pequeños gestos que son insuficientes y resultan un paripé, mientras continuamos a toda velocidad hasta chocarnos contra un muro.
Esto ha llegado a tal punto que ahora mismo estas empresas textiles todopoderosas se están viendo devoradas por este monstruo que ellos mismos crearon porque el sorpasso de Shein y Temu está siendo de tal magnitud que están perdiendo el mercado que abonaron.
Proyectos y empresas que se autodefinen como sostenibles y ecológicas abrazan sin pestañear procesos y estrategias comerciales heredadas del sistema económico que nos ha traído hasta el punto (¿de no retorno?) en el que estamos. Ya lo dijo Einstein: Si quieres un cambio, no hagas siempre lo mismo.
Si como empresas nos situamos del lado de la sostenibilidad, se supone que no somos lo mismo que las empresas tradicionales y, por tanto, no podemos hacer las cosas igual, ni en el modo de trabajar, ni en nuestro modo de comunicarlo. Este posicionamiento es exigente y obliga a la coherencia. Algo que muchas olvidan cuando llega el momento de hacer cuentas.
Construir desde la incertidumbre, desde la renuncia, desde la frontera de lo establecido es complicadísimo, pero es el único camino que hará que cambien las cosas.
Nos tenemos que inventar un nuevo orden mundial, un sistema que le de la vuelta al concepto de progreso, un sistema que sea capaz de seguir generando beneficios, entendiendo por beneficio el bien común, y que de un modo radical transforme nuestra sociedad.
Quien quiere ver un cambio radical a mejor no puede seguir justificando y perpetuando modelos que nos llevan una y otra vez a lo mismo. Se tiene que notar en las formas, pero también en la comunicación, en el pensamiento crítico, en propuestas valientes que realmente generen un cambio y dejar de justificar estrategias que no conducen a cambios tangibles.
Si quienes mueven los hilos (buen símil), en todos estos años de trabajo hacia un sistema equilibrado y sostenible, no han conseguido parar el avance del cambio climático y el deterioro del planeta, es que no se está trabajando en la dirección correcta. No se está haciendo nada útil. ¿O llegaremos al 2030 cumpliendo los ODS? No lo creo, las cifras son deprimentes, no solo no mejoramos, sino que vamos a peor, involucionamos y las cifras de textil vomitadas al planeta son terroríficas. ¿En dónde quedó el Fashion Pact del que ya hablé en mis artículos Moda (in)Sostenible*? ¡Madre mía! Hace seis años de esos artículos y no cambiaría ni una coma.
Si quienes tienen la posibilidad de darle la vuelta a esto no ponen el remedio, entonces habrá que lanzarse a la carretera con la bandera de la sostenibilidad, bloquear el tráfico y protestar hasta que se frene el avance de estos grandes monstruos del textil que nos conducen con ellos a serios problemas interrelacionados entre sí: climáticos, laborales, migratorios, económicos.
De nuevo Serrat con sus verdades del barquero, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
Y esta es la gran verdad, y si no ponemos remedio cuanto antes, el clima y el planeta nos pondrán en nuestro sitio y entonces ya será tarde para hacer las cosas bien, de nada habrá servido proteger esas cifras y esos beneficios, cual Golum, cuando quienes perdemos somos todos: ellos y nosotros.
Las soluciones existen, están ahí, están más que estudiadas, si hasta ahora no se han puesto en práctica es porque estamos dejando que los intereses y privilegios de unos pocos, poquísimos, pongan en peligro el bienestar de todos, y somos muchos. Hagamos algo.
Paloma G. López, directora de The Circular Project y Circular Sustainable Fashion Week Madrid
Presidenta Asoc. Española para la Sostenibilidad, Innovación y Circularidad en Moda
Imagen de cabecera.
“Portrait of a Young Woman” (1869) By Pierre Auguste Cot. (1837-1883)
Imagen interior:
Fotografía de archivo The Circular Project, fotógrafa: Adriana Marti @adrianamartiphoto